39-Estamos despertando ¡¡Oh!!

ojo de Dios

El yo (con minúsculas,.. el yo chico) es ese ilusorio que creemos ser y está íntimamente ligado al ego y la personalidad. El Yo (con mayúscula.. el Yo grande) es el Ser verdadero, la presencia, el Yo real.

El camino al despertar.. la iluminación… está despejado.. No pierdas el tiempo

 

Transformación del yo ilusorio hacia el Yo real.. la iluminación

Del Libro “El Ojo del Yo” de David R. Hawkins

9788497772587Rendir el yo ante el Yo es algo completamente seguro. El amor incondicional del Yo por el yo es su garantía de misericordia. La emanación del Yo al yo es competencia del Espíritu Santo, que es el vínculo entre el espíritu y el ego. A través de la oración, pedimos, permitimos y elegimos, por medio del libre albedrío, que el Espíritu Santo sea nuestro guía; y, por la gracia de Dios, la transformación hasta la iluminación se hará posible. 

Se dice que la transcendencia del ego se ve dificultada por su re­sistencia al cambio. El ego no quiere cambiar ni que le cambien, a pesar de sus sufrimientos, sus miedos y sus lamentables desdichas. Se aferra a tener «razón» a toda costa, y acuna y guarda celosamente sus queridas creencias. De hecho, no es un enemigo al que haya que vencer, sino un paciente que necesita cura. En realidad, el ego está enfermo, y sufre de delirios que son intrínsecos a su estructura. Para volver a la cordura sólo hace falta estar dispuesto a ser humilde. La Verdad se revela por si misma; no es algo que haya que alcanzar o adquirir, sino que se irradia por voluntad propia. La paz de Dios es profunda y absoluta. Su presencia es exqui­sitamente suave y absoluta. Nada queda sin ser alcanzado o sanado. Tal es la naturaleza y la calidad del Amor. El Yo es el cumplimiento en la manifestación del Creador como existencia misma. Nada existe fuera del amor de Dios. 

La historia de La Verdad se ha contado muchas veces a lo largo de todas las épocas, pero conviene contarla de nuevo. En el espacio vacío que se crea cuando el ego se da cuenta de que no sabe nada, el amor de Dios fluye repentinamente como una presa a la que se le hubieran abierto las compuertas. Es corno si la Divinidad hubiera estado esperando todos esos milenios para este momen­to cumbre. En un instante de sereno éxtasis, uno se encuentra al fin en casa. Lo Real es tan abrumadoramente presente, tan obvio y totalmente presente, que resulta difícil pensar que fuera posible creer en cualquier otro tipo de «realidad». Es como un extraño olvido, corno la historia del dios hindú que quiso ser una vaca y después olvido lo que había hecho, y tuvo que ser rescatado por otro de los dioses. 

A veces, el ego se identifica erróneamente y de forma más espe­cífica con la personalidad. Piensa, «Yo soy tal y tal persona». Y dice, «Bien, eso es lo que soy». A partir de esta ilusión, aparece el miedo a perder la propia personalidad si se renuncia al ego. Se teme a la muerte de «lo que soy». 

A través de la observación interna se puede ver que la perso­nalidad es un sistema de respuestas aprendidas, y que la persona no es el «yo» verdadero. EI «yo» verdadero se halla por detrás y más allá de ella. Uno es el testigo de esa personalidad, y no hay razón alguna para que uno tenga que identificarse con ella. Con la aparición del Yo real como verdadero «yo», la personalidad, después de cierto periodo de ajuste, sigue interactuando con el mundo, que no parece percibir la diferencia. La personalidad persiste hasta convertirse en una especie de entretenimiento, frecuentemente cómico, y, corno el cuerpo se convierte en una especie de novedad; en lugar de un «mí», la persona se ha convertido en un «eso» que funciona con su propio generador, por decirlo de alguna manera. Tiene sus hábitos, sus maneras, sus gustos y aversiones, pero estos carecen ya de verdadera importancia y no tienen conse­cuencias en cuanto a felicidad o desdicha. Del mismo modo, una apariencia persistente de emociones humanas ordinarias parece ir y venir, pero no tiene influencia ni poder alguno, porque las emociones ya no se identifican ni se sienten corno «mías». 

La gente en el mundo parce esperar determinadas respuestas, y se molesta si éstas no se dan; de modo que, por amor, se les permite aparecer, aunque en realidad son superficiales y no tienen importancia real. Con la renuncia a identificar el Yo con el ego, no resulta fácil ni natural involucrarse en los detalles del mundo que requieren un procesamiento lineal. El enfoque parece hallarse ahora en la esencia más que en los detalles de forma, que requieren de una energía extra en su manejo. Esto se debe en parte al hecho de que las frecuencias electroencefalografías del cerebro que acompañan  a los estados elevados de consciencia o a la iluminación están constituidas por ondas Theta (de 4 a 7 ciclos por segundo). Estas son más lentas que las ondas Alfa (de 8 a 13 ciclos por segundo), que tienen lugar durante la meditación. En cambio, la mente ordinaria, que es  una experiencia del ego, se halla predominantemente en los más de 13 ciclos por segundo de las ondas Beta. 

El mundo parece prestarle una atención desmesurada a lo irre­levante, y es necesario recordar que la gente considera todo esto como importante, significativo o, incluso, merecedor de dar la vida por ello. Por respeto a los sentimientos de los demás, resulta tranquilizadora cierta aproximación a las respuestas sociales habi­tuales, o de lo contrario la gente puede sentirse rechazada o no sentirse querida. 

Por ejemplo, las personas se sienten felices o tristes ante lo que perciben como una ganancia o una pérdida. En realidad, ni una cosa ni otra está teniendo lugar, pero es obvio que el indivi­duo lo experimenta como algo real. Mientras tanto, la simpatía se ve reemplazada por la compasión y la consciencia, antes que por una emotividad acorde con la situación. 

Lo que las personas del mundo quieren en realidad es reco­nocer lo que son verdaderamente en el nivel supremo, ver que el mismo Yo irradia dentro de cada uno, sana sus sentimientos de separación y trae un sentimiento de paz. Traer la paz y la alegría a los demás es el don de la benevolencia de la Presencia. 

 

 

EJERCICIOS

La modificación consciente de los pensamientos, emociones y hábitos… es el paso básico para el despertar. Es necesario integrar el conocimiento en la memoria celular.. no simplemente basta con que lo sepas a nivel intelectual.. Disciplínate con los ejercicios diarios.  

RESPONSBILIZATE de ti mismo y transfórmate a ti mismo en el SER amoroso, inteligente y pacifico que subyace bajo la ilusión del cuerpo y el pensamiento/emoción. 

Conscientemente Dirige tus pensamientos inteligente y amorosamente hacia todos los aspectos positivos,.. céntrate en la GRATITUD. 

OBSERVA.. obsérvate a ti mismo,.. pon la INTENCIO en ser consciente de tus pensamientos emociones y acciones.. descubre a ese yo pequeño,.. desconéctate del piloto automático.. el ego.. y permite que el Yo real se manifieste en ti.

Continuamos los ejercicios diarios.

Nos reunimos en nuestro lugar metafórico habitual, formando un círculo.. siéntate cómodo, relajado, cierra los ojos, respira profundo y suave.. 7 veces, .. imagina, visualiza un anillo de luz blanca brillante que nos envuelve a quienes estamos sentados formando un circulo .. Visualiza en el centro de este círculo al planeta tierra. Centra tu atención en tu respiración .. no te enganches con pensamientos, déjalos pasar..…. mantente así 10 minutos.. máximo 30,.. y al final extiendes tus manos hacia la tierra que flota en el centro del circulo y dices mentalmente o con palabras.. Gracias. Gaia (o  tierra, si lo prefieres así)… Te Amo.   

¡¡ ESTAMOS DESPERTANDO ¡!!…. sigue adelante,..

NO TE DISTRAIGAS.. el mayor trabajo es sobre si mismo. 

Continúa con la parte (40). 

Un abrazo de luz,

Paloma 

Si apenas te enteras de este experimento y deseas unirte, debes iniciar por la parte numero uno y seguir el recorrido tal como se indique.  

https://masacritica.wordpress.com/2007/11/02/1-prologo/

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